Dentro de cada categorÃa de bienes y servicios ofrecidos en un mercado libre, es el proveedor del mejor producto al más bajo precio el que obtiene el mayor rendimiento económico en ese campo; no automática ni inmediatamente ni por decreto, sino por virtud del libre mercado, que enseña a cada participante a buscar lo mejor objetivo dentro de la categorÃa de su propia competencia y castiga a los que actúan por consideraciones irracionales.
Y adviértase aquà que un mercado libre no nivela a todos los hombres con un rasero, que los criterios intelectuales de la mayorÃa no rigen ni un mercado libre ni una sociedad libre, y que los hombres excepcionales, los innovadores, los gigantes intelectuales no se ven detenidos por la mayorÃa. De hecho, son los miembros de esta minorÃa selecta los que elevan a toda una sociedad libre al nivel de sus propias realizaciones, en tanto que ellos siguen ascendiendo más y más.
Un mercado libre es un proceso continuo que no puede ser detenido, es un proceso progresivo que exige lo mejor (lo más racional) de cada hombre y lo retribuye en proporción. Cuando la mayorÃa estaba asimilando apenas el valor del automóvil, la minorÃa creadora introdujo el aeroplano. La mayorÃa aprende por demostración; la minorÃa es libre de demostrar. El valor filosóficamente objetivo de un nuevo producto sirve como preceptor de quienes están dispuestos a ejercer su facultad racional, cada uno en la medida de su habilidad. Los que no están dispuestos, pierden la recompensa, lo mismo que los que aspiran a más de lo que su habilidad puede producir. El inerte, el irracional, el subjetivista, carecen de poder para detener a sus mejores.
La pequeña minorÃa de los adultos que, aunque estén dispuestos, son incapaces de trabajar, tiene que depender de la caridad voluntaria. La mala fortuna no es un tÃtulo para imponer la servidumbre. No hay eso del derecho a consumir; la necesidad no da derecho a controlar y a destruir a aquellos sin los cuales uno serÃa incapaz de sobrevivir. (En cuanto a las depresiones y al desempleo en masa, hay que advertir que no son causados por el mercado libre, sino por la interferencia de los gobiernos en la economÃa).
Los parásitos mentales, los imitadores que tratan de proveer a lo que consideran que es el gusto conocido del público, se ven constantemente superados por los innovadores, cuyos productos elevan el conocimiento y el gusto del público a más altos niveles. Y es por esto por lo que puede afirmarse que un mercado libre está regido no por los consumidores sino por los productores. Los más prósperos son los que descubren nuevos campos de producción, campos cuya existencia se ignoraba.
Puede ocurrir que un producto nuevo no sea debidamente apreciado desde luego, sobre todo si constituye una innovación demasiado radical; pero salvo casos excepcionales, se impondrá a la larga. Y en este sentido puede decirse que el mercado libre no está regido por el criterio intelectual de la mayorÃa, la que prevalece sólo en un momento dado. El mercado libre está regido por aquellos que son capaces de ver y de planear a largo alcance; y mientras más fina la mente, más largo el alcance.