Los exámenes cientÃficos permitieron identificar la cabeza embalsamada del monarca, que pasó de una a otra colección privada desde que desapareció durante la Revolución Francesa en 1793.
Enrique IV fue enterrado en la BasÃlica de Saint Denis cerca de ParÃs, pero durante el frenesà de la Revolución Francesa las tumbas reales fueron excavadas y los revolucionarios decapitaron al monarca. La cabeza desapareció.
Este caso fue considerado con la misma seriedad que si fuese un caso forense reciente, dijo Philippe Charlier, experto forense del Hospital Universitario R. Poincaré en Garches, Francia, que dirigió la investigación. Charlier y 19 colegas efectuaron una baterÃa de exámenes a la cabeza.
A Enrique IV, uno de los monarcas más venerados en Francia, se acredita haber convenido la paz entre católicos y protestantes, impulsar la economÃa francesa y embellecer la ciudad con mojones como el Pont Neuf y la Place des Vosgues. Fue el primero de los borbones y abuelo de Luis XIV.
En el examen de la cabeza, los investigadores hallaron caracterÃsticas halladas en los retratos del rey, incluso la señal de una lesión sobre el orificio nasal derecho. También hallaron la cicatriz de una fractura ósea sobre la mandÃbula superior izquierda, que condice con una herida de puñal que el monarca sufrió durante un intento de asesinato en 1594.
Los exámenes de radiocarbono confirmaron que la cabeza databa del siglo XVII. Charlier y sus colegas también compararon la cabeza embalsamada con el informe de una autopsia que describe el proceso particular de embalsamado utilizado para los reyes franceses, escrito por el cirujano real. También se apeló a expertos en aromas para identificar las sustancias especÃficas que se colocaban en la boca para ocultar olores desagradables.
Los investigadores franceses crearon una reconstrucción facial digital y practicaron tomografÃas computerizadas que revelaron que el cráneo coincidÃa con todos los retratos conocidos del Enrique IV y el molde de yeso que se hizo de su rostro poco antes de su muerte.
Frank Ruehli, de la Universidad de Zurich, indicó que la investigación era confiable pero que habrÃa sido más convincente si los cientÃficos franceses hubiesen hallado muestras de ADN. Rhehli no participó en la investigación.
Noticia publicada en El Universo (Ecuador)