La utilización de abonos orgánicos, como los que se obtienen de la actividad de compostaje, no sólo es más respetuosa con el medio ambiente, sino que permite aumentar la cantidad de carbono que queda atrapado en el suelo, ayudando en la reducción de la cantidad de CO2 en la atmósfera.
Así se desprende de las conclusiones de un estudio publicado en la revista especializada Waste Management & Research, que recuerda que el secuestro de carbono es una de las posibles medidas para la reducción de emisiones de CO2 admitidas por el Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC) de Naciones Unidas y la Comisión Europea.
El potencial de secuestrar carbono en los suelos agrícolas es enorme. El estudio asegura que si el 20% de los terrenos de cultivo de la UE se utilizase para esta actividad se podrían alcanzar el 8,6% de todos los objetivos de recorte de emisiones fijados para la Unión.
Enormes posibilidades
"Un aumento de apenas el 0,15% de carbono orgánico en los suelos cultivables de un país como Italia implicaría de forma efectiva el secuestro de la misma cantidad que se emite a la atmósfera en el periodo de un año por el uso de los combustibles fósiles", aseguran Enzo Favoino y Dominic Hogg, autores del estudio.
"Más aún, el incremento de la materia orgánica en los suelos podría provocar otros efectos de reducción de gases de efecto invernadero, como más retención de agua, menos necesidad de fertilizantes minerales y pesticidas, y menores emisiones de óxido nitroso", añaden.
Las prácticas agrícolas actuales no sólo están contribuyendo a la liberación constante de carbono que estaba en el suelo a la atmósfera, sino que además están dejando a los suelos sin esa capacidad para actuar como almacén. El compost podría revertir ese proceso, devolviendo la capacidad al suelo e inyectando en él el carbono que le sobra a la atmósfera.
El problema sigue siendo sin embargo calcular de una forma lo más exacta posible qué cantidad de carbono se retira de la circulación mediante el uso de compost. Los resultados de este estudio afinan el cálculo de trabajos anteriores y sugieren que los suelos abonados con estiércol tienen un 1,34% más de carbono que aquellos en los que no se aplica ningún tipo de fertilizante, y un 1,13% más que aquellos en los que se emplean abonos químicos.
Noticia publicada en ADN (España)