De los dioses aborígenes antiguos, el jaguar es el más enigmático. Es a la vez el más parecido y el más diferente al hombre. Puede cazar en el día y en la noche, sube a los árboles con aterrorizante facilidad, aprendió a nadar y, además, conoce la vida y la muerte.
Esta deidad felina es una de las más representradas en las cerca de 200 piezas que componen la muestra "Ecuador: hitos de su pasado precolombino", que presenta el Banco Central del Ecuador. La inauguración es hoy, a las 19:00, en la sala de exposiciones temporales (vestíbulo) del Museo Nacional (Patria y 6 de Diciembre).
La contraposición fundamental -pero los dioses saben más- entre la vida y la muerte es un ámbito espiritual que recorre toda la muestra.
Es un pigmento que tiñe las nueve estancias en las que se ha dividido la exposición, investigada y curada por Santiago Ontaneda, funcionario del BCE.
En marzo del 2006, con miras a las actividades culturales paralelas al Mundial de Fútbol, la institución preparó la muestra para visibilizar los descubrimientos técnicos (lo cual significa también culturales) de los pueblos precolombinos del actual Ecuador. Ontaneda cuenta que "por razones de presupuesto no se pudo concretar la exposición en Alemania. Pero quedó todo listo para el montaje".
No del todo listo, probablemente, pues la muestra ha tardado poco más de un año en poder llegar a ojos del público. Las piezas han sido extraídas del fondo del Banco Central de Quito y de Guayaquil y corresponden a todos los periodos y la mayoría de culturas ancestrales de este territorio.
La museografía ha dispuesto los descubrimientos o primeros desarrollos (hitos, según la propuesta de Ontaneda) en este orden cronólogico de categorías: Horticultura, Cementerios, Cerámica, Figurillas humanas, Centros ceremoniales, Botellas (entre las que están las muy típicas botellas silbato), Moldes de figuras, Aleación entre oro y platino y Navegación.
Con acertado ánimo didáctico, la entrada de la muestra presenta una suerte de mojones que indican el desarrollo de cada una de estas ramas en una línea del tiempo pintada en la pared. El extremo de esa línea indica el año 7000 a.C.; allí, se lee Las Vegas.
En efecto, en el primer ambiente se ven unas conchas, rosadas, brillantes y trabajadas, como recién sacadas del mar. "Tienen más de 7000 años, bellas ¿no?", se ufana Ontaneda. Estas conchas están manipuladas de tal modo que sirvieran como picos, azadones y palas de mano. Las ilustraciones montadas junto a la vitrina son adecuadas para fijar el sentido práctico de los objetos.
Según una lógica plástica y temática interesante, al lado izquierdo de estas palas rosáceas está la gigantografía del eterno abrazo de los amantes de Sumpa. Unos guijarros, unas esferas blancas y unos pigmentos naturales son los indicios para reconstruir las muertes
de los antiguos.
Ontaneda sigue: "En el territorio de la actual península de Santa Elena se ubicó el primer cementerio del que se tiene noticia en la América precolombina. En la cultura Las Vegas se hallaron cerca de 200 osamentas. Allí se encontró a los amantes de Sumpa".
Desde su silencio de siglos, esos enamorados, enterrados en un solo abrazo, y las vasijas y los dioses, hablan de un pasado cargado de conocimiento. Un saber que habita y late en la memoria.
Noticia publicada en El Comercio (Ecuador)