Actualmente hay propuestas de ley en el Senado que intentan reducir estos trágicos números.
Los contribuyentes de EE.UU. gastan alrededor de $200 millones por año en esfuerzos para combatir la malaria. Irónicamente, casi nada de ese dinero se destina a matar o repeler los mosquitos que propagan la enfermedad. En cambio, el dinero se gasta en medicinas anti-malaria y en toldos tratados con insecticidas que no son muy efectivos.
Los toldos para camas suelen romperse. Son incómodos en las noches calurosas de Ãfrica y es fácil removerlos. Es posible que no hayan suficientes toldos para cada miembro de la familia o que algunas personas se queden levantadas al atardecer cuando los mosquitos aparecen para su alimentación nocturna. Las medicinas anti-malaria suelen escasear. La Agencia de EE.UU. para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés) espera contar con 55 millones de dosis pediátricas para el 2006—dejando a 445 millones de personas solas en su lucha contra la malaria sin ninguna medicina.
Aunque investigadores están trabajando para desarrollar vacunas anti-malaria, hay pocas expectativas de que la encuentren en los próximos 10 años. Es una realidad trágica, pero no tendrÃa que ser asÃ. Contamos con la tecnologÃa para avanzar hacia una solución para este problema, si solamente nos pudiésemos desprender del mito ambiental más infame, nuestro miedo irracional al insecticida DDT.
De acuerdo al debate en el artÃculo “Las 100 cosas que hay que saber sobre el DDT†en JunkScience.com, la campaña contra el DDT inspirada por Rachel Carson—Primavera Silenciosa—estaba totalmente aislada de la realidad. El DDT no provocó que disminuyeran las poblaciones de pájaros como el águila calva o el halcón peregrino. Estas poblaciones estaban amenazadas antes de que el DDT se hubiese inventado, gracias al exceso de la caza, la destrucción del hábitat, y a los recolectores de huevos.
De hecho, las poblaciones de pájaros comenzaron a revitalizarse durante el perÃodo de mayor uso del DDT.
Ningún experimento cientÃfico ha demostrado que niveles tÃpicos de DDT en el medioambiente reducen el espesor de la cáscara de huevos de pájaros—razón por la cual se culpa al DDT de haber perjudicado a los pájaros. Mientras que varios factores naturales y artificiales han sido identificados cientÃficamente como causas potenciales de la reducción del espesor de la cáscara de huevos, niveles tÃpicos de residuos de pesticidas no se encuentran entre esos factores.
Tampoco se ha logrado conectar seriamente al DDT con efectos cancerÃgenos o no cancerÃgenos en humanos.
Lo que en realidad me llamó la atención con respecto a este tema fue una visita reciente al Museo Imperial de la Guerra en Londres, donde vi una muestra sobre el uso del DDT para despiojar a vÃctimas de campos de concetración liberados durante la Segunda Guerra Mundial. El DDT se usó para salvar sus vidas—y a pesar del estado de fragilidad extrema de su salud durante su uso, la literatura médica no ha encontrado efectos negativos del DDT entre los sobrevivientes.
El DDT fue prohibido en EE.UU. en 1972 por razones polÃticas y no cientÃficas. Sin dar ninguna explicación, el entonces Administrador de la Agencia de Protección Ambiental (APA) William Ruckleshaus revocó una decisión sobre seguridad del DDT dictada por un juez administrativo de la APA. Luego se descubrió que Ruckleshaus recaudaba fondos para el Fondo de Defensa del Medioambiente—un grupo activista de vanguardia que hacÃa campaña contra el DDT.
Por supuesto, para el momento que Ruckleshaus prohibió el DDT, la malaria en EE.UU. y Europa se habÃa erradicado por lo cual el insecticida no se necesitaba más. Aunque el DDT también se utilizaba—algunos dicen que en exceso—en el sector agropecuario de EE.UU., podÃan conseguirse sustitutos más económicos.
Pero no hay sustitutos más económicos para el DDT cuando se trata de combatir la malaria en las regiones más pobres del mundo. Otros quÃmicos son muy caros y no son tan buenos para el tipo de vaporización que se necesita para controlar los mosquitos en Ãfrica. Si bien el DDT no ha sido oficialmente prohibido en Ãfrica, su uso se ve limitado por la escasa producción y las normas de medioambiente que obstruyen el uso del producto.
Inlcuso la Unión Europea, que los ecologistas tienen agarrada por las narices, ha amenazado con prohibir la importación de productos agropecuarios de paÃses que utilizan DDT.
Pero cuando el DDT se encuentra disponible, los resultados son espectaculares. Por ejemplo, el riego de DDT en el interior de las casas redujo los casos de malaria y las muertes en un 75% en Zambia en un perÃodo de dos años, y en un 80% en Sudáfrica en un año. El DDT funciona mejor que cualquier otra cosa—no hay duda de ello.
Por estas razones, debemos apoyar una ley en el Congreso (actualmente se conoce como la versión del Senado H.R. 3057) que reformarÃa la Agencia de EE.UU. para el Desarrollo Internacional (USAID) para que insecticidas como el DDT puedan ser agregados al arsenal para la lucha contra la malaria. El Presidente Bush anunció en julio que los contribuyentes estadounidenses deberÃan gastar $1.2 mil millones para el control de la malaria en el mundo durante los próximos cinco años.
En vez de gastar ese dinero en toldos ineficaces para camas y medicinas anti-malaria—y luego repetir el mismo proceso inútil durante otros cinco años—gastemos ese dinero en DDT y terminemos con este trabajo ahora mismo.
Steven Milloy es investigador asociado del Cato Institute y es autor de Junk Science Judo: Self-defense Against Health Scares and Scams (Cato Institute 2001).
Traducido por Gabriela Calderón para Publicado originalmente en El Cato