«¿Lo has visto?» José MarÃa Bermúdez de Castro, uno de los directores del yacimiento de Atapuerca, recibÃa la noche del miércoles la llamada emocionada de su colega Eudald Carbonell. Los arqueólogos estaban impresionados por el artÃculo publicado en la revista Nature que anuncia el hallazgo en el sur de Siberia de los restos de un tipo de homÃnido desconocido de hace 40.000 años. «Es muy emocionante, un descubrimiento paleontológico fantástico que puede estar entre los diez más importantes de la década», afirma Bermúdez. Aunque no podemos poner nombre a este inesperado homÃnido del que no tenÃamos noticia hasta el momento, sà sabemos lo que no era. Los investigadores han analizado el ADN mitocondrial de un hueso de la mano, procedente de la cueva rusa de Denisova, y se han encontrado que su secuencia es muy diferente de las humanas actuales y de las neandertales. «Sin duda, es algo distinto, a ver cómo encajamos esta nueva pieza».
El hallazgo ha revolucionado al equipo de Atapuerca, que dedicará parte del dÃa a analizar el trabajo realizado por Johannes Krause, del Instituto Max Planck de AntropologÃa Evolutiva(Leipzig, Alemania), para conocer cómo afecta a la teorÃa de la evolución humana en Europa y Asia. «En principio, debemos hablar de una especie desconocida, como hacen los autores del estudio, muy precavidos, y no de una nueva, porque sólo se ha encontrado una falange», explica Bermúdez de Castro. «Para hablar de una nueva especie nos harÃa falta una mandÃbula o un trozo de cráneo que permitan realizar un estudio comparado».A juicio del experto, esta extraña especie puede haber formado parte de una población residual que se mantuvo aislada en el centro de Siberia, una zona de difÃcil acceso, durante miles y miles de años sin contacto con los neandertales ni con el hombre moderno, algo similar a lo que pudo haber ocurrido con el famoso hombre de Flores encontrado en la isla de Indonesia del mismo nombre, e incluso con el Homo antecessor de un millón de años descubierto en Atapuerca, aislado en la PenÃnsula Ibérica por los Pirineos.
Una extensa familia
Pero, ¿dónde colocamos al homÃnido de Siberia en el árbol evolutivo? Bermúdez de Castro cree, con todas la cautelas que requieren este tipo de investigaciones, que quizás nos encontremos ante la décima gran especie humana. Por grado de aceptación, en el grupo reconocido por toda la comunidad cientÃfica se encuentran el Homo sapiens (el hombre moderno), el neanderthalensis, el erectus, el habilis -aunque hay quien rechaza esta especie-, el heidelbergensis y el ergaster (versión africana del erectus). Le sigue, según explica el arqueólogo, un segundo grupo más polémico que agrupa al Homo antecessor, el Hombre de Flores y el georgicus (los primeros humanos que salieron de Ãfrica). A estos nueve se añadirÃa ahora el de Siberia y podrÃa haber un undécimo, el Cepranensis, aunque sólo sus descubridores defienden su existencia.
Bermúdez no confÃa en que podamos conocer el aspecto de la criatura de Siberia sólo con un estudio de ADN. «Para eso hacen falta huesos. Aunque tuviéramos el ADN nuclear no serÃa fácil realizar una reconstrucción, aunque sà serÃa posible conocer algunos rasgos». ¿Y si el equipo del Max Planck se hubiera equivocado y nos hubiera dado, aún si quererlo, gato por liebre? «En ciencia, todos nos podemos equivocar, pero Svate Pääbo -que también ha participado en la investigación- es un autor de reconocido prestigio internacional y aceptamos como bueno lo que escribe».
Para el especialista, el homÃnido de Siberia se encuentra entre los diez hallazgos paleontológicos más importantes de la década. El primero, dice, es sin duda la aparición de Ardi, el Ardipithecus ramidus, un antepasado de los humanos actuales que prosperó en lo que hoy es EtiopÃa hace casi cuatro millones y medio de años, y el segundo, el Homo antecessor. «La evolución humana se pone emocionante», afirma el arqueólogo. «En un futuro, si se realizan nuevas excavaciones, podremos encontrar hallazgos impresionantes».
Noticia publicada en ABC (España)