Científicos mexicanos que luchan contra el cáncer redujeron hasta en 96 por ciento el tamaño de tumores en el cerebro de animales gracias a una innovadora quimioterapia que comenzará a probarse en los próximos meses en personas con cáncer terminal.
Después de cuatro años de labor en equipo, investigadores de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía (INNN) construyeron, átomo por átomo, moléculas de titania-platino tan pequeñas que son capaces de atravesar la membrana de las células cancerígenas, entrar a su núcleo y destruir ahí la doble hélice de su material genético, todo sin afectar las células sanas.
Estos procesos en los que se construyen moléculas en los tamaños más pequeños que conoce el ser humano constituyen la nanotecnología, la manipulación de lo ultramicroscópico.
Para tener idea de las dimensiones en que trabajan hay que decir que en cada milímetro hay un millón de nanómetros y las moléculas curativas construidas por los científicos mexicanos miden sólo 35 nanómetros.
Partiendo de la base de que los cánceres son procesos en los que algunas células del cuerpo comienzan a multiplicarse y proliferar fuera de control, en este método se buscó destruir el ácido desoxirribonucleico o ADN de las células enfermas, el cual contiene la información genética y es indispensable para que estas células se reproduzcan.
Una ventaja adicional de esta propuesta es que los medicamentos se inyectan directamente en los tumores blanco y son 100 veces menos tóxicos que las quimioterapias disponibles en el mercado.
Estas últimas, como matan por igual a células enfermas y sanas, producen en los pacientes náuseas, debilidad, dolor y otros trastornos fisiológicos, por lo que muchos abandonan la terapia.
“En este proyecto empezamos enfocándonos en uno de los cánceres más agresivos que existen, el glioblastoma multiforme, que aparece en el cerebro y crece a una velocidad tan rápida que la esperanza de vida del paciente es de entre seis meses y un año”, relató Tessy María López Goerne, coordinadora del equipo de 50 científicos que colabora en este esfuerzo.
“Los resultados han sido muy exitosos y pensamos que la idea puede aplicarse a otros tipos de cáncer, pues la idea central es romper los enlaces del ADN en las células enfermas”, agregó.
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