Quienes visitan hoy el cráter Iki del volcán Kilauea, en Hawai, caminan a lo largo de una superficie casi plana de basalto con escasa vegetación. Se parece a un pavimento de asfalto para el estacionamiento de vehÃculos, pero en Noviembre y Diciembre del año 1959 no parecÃa en absoluto tal cosa, sino que emitÃa la amenazante luz anaranjada de la lava producida por una reciente erupción. Ahora, un análisis de precisión de las muestras de lava tomadas del cráter ha servido para ensayar una nueva técnica que permitirá a los cientÃficos reconstruir las fases más antiguas de la historia de planetas rocosos y otros cuerpos análogos.
Un examen preciso de los isótopos del hierro (las ligeras variantes subatómicas del elemento) puede decir a los cientÃficos planetarios mucho más sobre la formación de la corteza que lo previamente estimado, según Nicolas Dauphas, de la Universidad de Chicago, Fang-Zhen Teng de la Universidad de Arkansas y Rosalind T. Helz del Servicio Estadounidense de Prospección Geológica.
Si el método es aplicado a basaltos terrestres y extraterrestres, incluyendo los meteoritos de Marte y los asteroides, podrÃa proporcionar la evidencia más definitiva para la idea cientÃficamente popular de que la Luna nació de una colisión gigante entre la Tierra y otro gran objeto.
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