El soñado modelo de la "economÃa del hidrógeno" está cada vez más cerca de convertirse en una realidad. El hallazgo es tan prometedor que Shell, entre otras empresas, costea los gastos de la prosecución de las investigaciones.
El hidrógeno limpio demuestra ser el combustible automotor ideal para llegar a un transporte vial libre de dióxido de carbono. Una célula de hidrógeno puede generar energÃa eléctrica que, a su vez, alimenta el motor del automóvil. Esa corriente propulsa las ruedas y el único producto que expulsa el tubo de escape es un poco de vapor de agua, tan pura que hasta se podrÃa beber.
Muy prometedor pero...
Es una imagen idÃlica y futurible. Sin embargo, por el momento, y desgraciadamente, parece estar reservada al género de la ciencia ficción. Y ello se debe a dos motivos. En primer lugar: el hidrógeno sólo puede ser almacenado bajo una presión extremadamente alta lo que dificulta su transporte. En realidad, de hecho, debe producirse siempre in situ.
El segundo problema es más fundamental si cabe, más si se tiene en consideración que el hidrógeno está pensado justamente para reducir las emisiones de dióxido de carbono que produce el tráfico y la industria.
El profesor Cees Buisman, catedrático de la carrera de TecnologÃa Medioambiental de la Universidad de Wageningen, describe el dilema: "Si se pretende generar hidrógeno verde no existe, en realidad, una tecnologÃa para concretarlo. Esto significa que si se quiere producir hidrógeno volvemos a caer en los hidrocarburos de origen fósil. Y con ello no resolvemos nada. Si bien es cierto que el hidrógeno es muy limpio, el dióxido de carbono que se emite en la producción es quizás similar o incluso mayor que cuando se carga directamente con ese combustible el coche."
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