La luz no es de una sola clase. Existe la cotidiana de una bombilla, la del láser y la comprimida del láser. Ésta última es particularmente valiosa dado que la intensidad de la luz, el número de fotones, se mantiene esencialmente constante en un cierto intervalo de tiempo. En la luz cotidiana de una bombilla o incluso en la de un láser estándar, la emisión de fotones presenta una distribución aleatoria siguiendo pautas estadÃsticas derivadas de la naturaleza de la fÃsica cuántica. De un modo similar a la lluvia, que a veces deposita en el suelo muchas gotas de agua y otras veces sólo unas pocas, a veces llega un manojo de fotones y a veces sólo uno. Esta fluctuación de la intensidad, conocida como ruido fotónico, perturba las mediciones especialmente sensibles.
Ahora, unos fÃsicos del Instituto Max Planck para la FÃsica Gravitatoria (Instituto Albert Einstein) y la Universidad Leibniz en Hanover, han reducido el ruido fotónico por un factor de 10 (en un 90 por ciento). Con esto, han implantado un nuevo récord mundial.
Utilizando estas técnicas, ahora los cientÃficos pueden incrementar la sensibilidad del detector de ondas gravitatorias GEO600. Estos métodos incluso están implantándose en el detector LIGO, de mayores dimensiones. Con ellos, los cientÃficos se dedican a la caza de ondas gravitatorias, cuya detección requiere de mediciones sumamente precisas.
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