Pocas veces el común de los mortales logra hacerse una idea, aunque sea remota, de los descubrimientos o inventos que elevan a algunos científicos al Olimpo del Premio Nobel de Física. En esta oportunidad la cosa es diferente. Aunque los legos en la materia no comprendan a cabalidad en qué consiste la “magnetorresistencia gigante”, descubierta en 1988 por los ahora galardonados Peter Grünberg y Albert Fert, todo aquel que posea un laptop, una cámara digital, un i-pod o un reproductor de MP3 disfruta de los frutos de la investigación de estos científicos, que compartirán el premio ascendiente a 1,1 millones de euros.
“Sándwiches” magnéticos
En lo medular, el conocimiento de este efecto magnético ha posibilitado comprimir gran cantidad de datos en discos duros de reducido tamaño como los que hoy conocemos. Grünberg y Fert, que realizaron sus investigaciones por separado, experimentaron con capas ultradelgadas de metales magnéticos y no magnéticos apiladas, conocidas también como “sandwiches”, y descubrieron que su resistencia eléctrica se modifica sensiblemente en presencia de un campo magnético mínimo. Gracias a esta propiedad fue factible construir cabezales de lectura sumamente sensibles, capaces de decodificar gran cantidad de información contenida en un disco duro.
De acuerdo con el Comité del Premio Nobel, se trata de la primera verdadera aplicación práctica de la nanotecnología. Y todos coinciden en que fue un paso decisivo, que revolucionó la tecnología de almacenamiento de datos, con las consecuencias de todos conocidas en el campo de la informática.
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