Si el tiempo lo permite, la sonda será lanzada el 3 de agosto con destino al polo norte del planeta rojo, donde los científicos esperan encontrar agua y tal vez moléculas orgánicas.
El éxito de la próxima misión de la NASA a Marte dependerá en parte de un instrumento fabricado en Suiza. Se trata de un microscopio de fuerza atómica, concebido especialmente para resistir las duras condiciones del viaje en el espacio y la permanencia en un mundo lejano.
Esa pequeña joya de la tecnología de punta (tan pequeña como una caja de cerillas) es fruto del esfuerzo conjunto de la empresa Nanosurf y los especialistas en nanotecnologías electrónicas Hans-Rudolph Hidber, del Instituto de Física de la Universidad de Basilea y Urs Staufer, del Instituto de Microtécnica de la Universidad de Neuchâtel.
En busca de aguaPhoenix deberá posarse cerca del polo norte de Marte, sitio ideal para examinar el hielo que forma la bóveda del planeta.
La sonda tiene un brazo articulado de más de dos metros de largo para recoger pruebas y depositarlas en una mesa giratoria donde se llevarán a cabo los análisis químicos y mineralógicos.
Los granos de polvo marciano serán examinados sucesivamente por dos microscopios. El microscopio óptico revelará detalles del orden de una diezmillonésima de milímetro, y el microscopio de fuerza atómica profundizará mucho más la investigación, hasta permitir "ver" las estructuras de la materia en un margen de una millonésima de milímetro.
¿Se podrá ver los nano-cristales del hielo? "Sería una gran suerte, con la que ni siquiera osamos contar", advierte Urs Staufer. En efecto, el hielo arrancado del suelo por el brazo mecánico se volatilizará al contacto con la atmósfera marciana aún antes llegar al microscopio.
En cambio, los rastros que deje el hielo evaporado o en forma de agua sobre la superficie de los granos de polvo serían visibles gracias a la altísima precisión del microscopio helvético.
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