¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? Un niño es capaz de disparar esta pregunta las veces necesariashasta que al adulto se le acaben todas las respuestas. Sin embargo, no es el afán de molestar a los mayores lo que se esconde tras el interrogante, sino una curiosidad infinita. ¿Por qué no aprovecharla?, se dicen otros acostumbrados a cuestionarlo todo: los científicos.
Y las nubes, ¿por qué no se caen?
Llegará un día en que aprender ya no sea cool y el niño a medio camino de la adolescencia empiece a pensar que lo sabe todo. Pero para entonces, una buena educación y una enseñanza temprana pueden haber sentado en él las bases que le ayudarán a razonar.
Por lo menos, así lo creen los investigadores alemanes de la Universidad de Münster y el Instituto Max Planck para la Investigación Educativa. Conjuntamente, estas dos instituciones trabajan en un proyecto cuyo objetivo es lograr un espacio para las ciencias naturales entre el corta por la línea de puntos y colorea el pato de amarillo de las guarderías.
La gran ventaja que presenta la edad preescolar es la curiosidad. ¿Por qué flota un barco?, ¿por qué no se caen las nubes?, ¿por qué quema el fuego? La ciencia puede dar respuesta a todas estas dudas existenciales. Pero en la edad preescolar reside igualmente una gran desventaja: la memoria. De poco sirve avasallar al niño con datos abstractos porque los habrá olvidado al poco tiempo.
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