No es necesario ser creyente para hacer el bien. Existen contribuciones sociales de grandes filántropos y benefactores que durante toda nuestra historia han brindado bienestar a los mas necesitados. Tanto religiosos como no creyentes hacen el bien por convicción y estar convencidos de que eso es lo correcto. Los aportes de las iglesias y sus servidores son realizados gracias a esta misma convicción y no porque exista una conexión especial con algo divino. Es interesante darse cuenta que es mas positivo y productivo un monje cocinando o repartiendo pan, que encerrado en sus ritos, oraciones o intentos de convertirnos a sus creencias. |